Daniel Pinelo
Hoy quiero compartir una pequeña reflexión sobre la polémica que está creando en la opinión pública la nueva ley educativa y el papel que la asignatura de Religión tendrá en la misma.
Hoy quiero compartir una pequeña reflexión sobre la polémica que está creando en la opinión pública la nueva ley educativa y el papel que la asignatura de Religión tendrá en la misma.
Como es sabido por todos, en 2º de Bachillerato se cursa
una asignatura común, independientamente de la rama que se escoga, llamada
Historia de la Filosofía. En 2011, cuando me tocó cursar 2º, tuve que estudiar
y examinarme obligatoriamente sobre unos autores que decían que Dios había
muerto o que la religión era el opio del pueblo. Además, del resultado de esos
exámenes podía depender el futuro de cualquiera para acceder o no a una
determinada carrera. Incluso, era materia de examen en la PAU (también es
cierto que, en ese caso, podíamos decantarnos por Historia). Ni a mí como
creyente, ni a ninguno de mis compañeros se nos preguntó si estudiar a esos
filósofos podía chocar con nuestra libertad de conciencia religiosa. A pesar de
esto, me siento orgulloso de haber estudiado en una escuela y en un instituto
público. Los pensamientos de Marx y Nietzche siguen impartiéndose, y creo que
la nueva ley no cambiará eso. Tampoco me parece necesario que lo haga. Pero,
entonces, ¿por qué molesta a tanta gente ahora que a un judío, un musulmán, un
evangélico o un católico se le pueda evaluar libre y voluntariamente sobre sus
conocimientos religiosos y que esa nota cuente para su futuro? Sus compañeros
que también, libre y voluntariamente, hayan decidido cursar la nueva asignatura
de Valores Culturales, serán evaluados de la misma forma. ¿Por qué siempre se
le ataca al mismo colectivo de personas que, además, es mayoritario en nuestro
país?

