Rommel Hernández, Tegueste
Año tras año, y
bien entrada la primavera, comienza la temporada de romerías en Canarias. Son
acontecimientos que dan cita a miles de personas, que disfrutan de un día
diferente entre folías, gofio amasado y buen vino de la tierra.
Son festejos en los
que llevar la indumentaria tradicional parece de obligado cumplimiento. En las
romerías podemos observar bellos trajes de mago y de maga de muchos puntos de
la geografía de las islas. Trajes de campesino y trajes de gala que iluminan
las fiestas y las dotan de su inigualable color.
Aunque muchos de
nuestros humildes antepasados no tuvieran la oportunidad de vestirse de
mago, sus descendientes visten hoy muchos de estos trajes. Muchos de
ellos hoy también se permiten el lujo de romper con la “armonía” de una de las
señas de identidad de nuestra cultura.
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| La plaza de San Marcos en la Romería de Teguste |
Es indignante
observar las extrañas combinaciones de elementos de la indumentaria
tradicional. Como ejemplos, corsé de lencería con falda de maga o camiseta sin
mangas con pantalón de mago. Y también aquellos trajes que para nada se
corresponden con los de ningún lugar en concreto, sino comprados “para salir
del paso”. Peor aún es ver miles de personas en una gran romería sin
indumentaria tradicional.
Muchas voces se
alzan en contra de vulnerar las tradiciones. Algunos expertos en indumentaria
tradicional canaria afirman que a las romerías se debe ir con el traje
tradicional. Incluso, llegan al extremo de reclamar un “cordón sanitario” que
impida a aquellas personas que no están correctamente vestidas entrar a la
romería. Esto último sería un ingente gasto de dinero y de personal para
controlar romerías como la del domingo pasado en Tegueste, con más de 40.000
asistentes.
La defensa de este
cordón sanitario llega también como respuesta a los altercados que se producen
en las romerías. Unas celebraciones que empezaron como conmemoración de los
habitantes de un pueblo a su patrón, pero que ahora han pasado a convertirse en
macrobotellones con graves alborotos. Es obvio que en un lugar con miles de
personas mantener la armonía sea difícil. Pero en una romería, con mucho
alcohol de por medio, los altercados están a la orden del día.
Sin ir más lejos,
en la pasada romería de Tegueste se registraron varias peleas con resultado de
heridos de diversa consideración. El único suceso que trascendió fue el de un
conocido matrimonio teguestero que fue atacado y pataleado sin razón alguna por
varios jóvenes. El clima de opinión a raíz de este suceso en la Villa es
unánime: más control policial. Al parecer, los 200 efectivos desplegados no
fueron suficientes ni para controlar los altercados ni para que los romeros
cumplieran con la normativa que prohibía hacer barbacoas. Tampoco para evitar a
decenas de menores ebrios deambulando por las calles o a algunas personas
realizando actos impúdicos en cualquier esquina.
Como muchos
políticos y veteranos romeros han afirmado en multitud de ocasiones, las
romerías “no pueden morir de éxito”. Las faltas de respeto a la indumentaria se
seguirán produciendo. Los sucesos de diversa consideración también. Sería muy
chocante prohibir o multar a aquellos incorrectamente vestidos. Estaríamos
“elitizando” las romerías, dando acceso solo a aquellos que cumplen con un
código más o menos estricto de indumentaria. Más control policial evitaría
muchas cosas indeseables. Pero, ¿cómo acercarnos más al espíritu que motivó las
primeras romerías? La respuesta la tienen los verdaderos romeros.

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