martes, 14 de mayo de 2013

Tradiciones en decadencia

Rommel Hernández, Tegueste

Año tras año, y bien entrada la primavera, comienza la temporada de romerías en Canarias. Son acontecimientos que dan cita a miles de personas, que disfrutan de un día diferente entre folías, gofio amasado y buen vino de la tierra.

Son festejos en los que llevar la indumentaria tradicional parece de obligado cumplimiento. En las romerías podemos observar bellos trajes de mago y de maga de muchos puntos de la geografía de las islas. Trajes de campesino y trajes de gala que iluminan las fiestas y las dotan de su inigualable color.

Aunque muchos de nuestros humildes antepasados no tuvieran la oportunidad de vestirse de mago,  sus descendientes visten hoy muchos de estos trajes. Muchos de ellos hoy también se permiten el lujo de romper con la “armonía” de una de las señas de identidad de nuestra cultura.

La plaza de San Marcos en la Romería de Teguste
Es indignante observar las extrañas combinaciones de elementos de la indumentaria tradicional. Como ejemplos, corsé de lencería con falda de maga o camiseta sin mangas con pantalón de mago. Y también aquellos trajes que para nada se corresponden con los de ningún lugar en concreto, sino comprados “para salir del paso”. Peor aún es ver miles de personas en una gran romería sin indumentaria tradicional.

Muchas voces se alzan en contra de vulnerar las tradiciones. Algunos expertos en indumentaria tradicional canaria afirman que a las romerías se debe ir con el traje tradicional. Incluso, llegan al extremo de reclamar un “cordón sanitario” que impida a aquellas personas que no están correctamente vestidas entrar a la romería. Esto último sería un ingente gasto de dinero y de personal para controlar romerías como la del domingo pasado en Tegueste, con más de 40.000 asistentes.

La defensa de este cordón sanitario llega también como respuesta a los altercados que se producen en las romerías. Unas celebraciones que empezaron como conmemoración de los habitantes de un pueblo a su patrón, pero que ahora han pasado a convertirse en macrobotellones con graves alborotos. Es obvio que en un lugar con miles de personas mantener la armonía sea difícil. Pero en una romería, con mucho alcohol de por medio, los altercados están a la orden del día.

Sin ir más lejos, en la pasada romería de Tegueste se registraron varias peleas con resultado de heridos de diversa consideración. El único suceso que trascendió fue el de un conocido matrimonio teguestero que fue atacado y pataleado sin razón alguna por varios jóvenes. El clima de opinión a raíz de este suceso en la Villa es unánime: más control policial. Al parecer, los 200 efectivos desplegados no fueron suficientes ni para controlar los altercados ni para que los romeros cumplieran con la normativa que prohibía hacer barbacoas. Tampoco para evitar a decenas de menores ebrios deambulando por las calles o a algunas personas realizando actos impúdicos en cualquier esquina.

Como muchos políticos y veteranos romeros han afirmado en multitud de ocasiones, las romerías “no pueden morir de éxito”. Las faltas de respeto a la indumentaria se seguirán produciendo. Los sucesos de diversa consideración también. Sería muy chocante prohibir o multar a aquellos incorrectamente vestidos. Estaríamos “elitizando” las romerías, dando acceso solo a aquellos que cumplen con un código más o menos estricto de indumentaria. Más control policial evitaría muchas cosas indeseables. Pero, ¿cómo acercarnos más al espíritu que motivó las primeras romerías? La respuesta la tienen los verdaderos romeros.

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