Al rescate de la identidad de un pueblo
La Asociación Pérez Enríquez luchó en la década de 1980 por recuperar la historia y cultura de Los Silos, así como preservar el patrimonio medioambiental de la comarca de Daute
Daniel Pinelo, Los Silos
El avance y el progreso no son sinónimos de acabar con lo antiguo y viejo. Eso es lo que pensaron un amplio grupo de jóvenes ─y no tan jóvenes─ de Los Silos cuando, allá por 1980, el alcalde socialista Gaspar Sierra planeó una serie de cambios radicales para modernizar el municipio, como eliminar los adoquines de las calles del casco histórico, asfaltar la pista del Monte del Agua y Pasos o derribar el antiguo convento de San Sebastián, construido en el siglo XVII.
Salvar el Monte del Agua puso los cimientos para la creación de un colectivo que, tras impedir también el derribo del exconvento de las monjas bernardas, se constituyó en 1980 como Asociación Pérez Enríquez, tomando el nombre del fundador del propio convento.
Años después de aquella época, reunimos a una parte de la esencia de la Asociación durante el período de publicación de su revista, Gaceta de Daute, para conversar y reflexionar sobre lo que supuso su actividad cultural en el pueblo y en la comarca de la Isla Baja. Casualmente, los siete ejercen, o han ejercido, la docencia.
La crispación en el pueblo se acrecentó cuando se consiguió paralizar la demolición del exconvento de San Sebastián. “Gaspar Sierra decía que Antonio nos manejaba a nivel político porque quería crear un parti do canario independentista”, señala Carmen María Acosta, maestra de infantil.
Unos años más tarde, en 1984, ve la luz Gaceta de Daute, de la que se publicaron cuatro números hasta 1990. El nombre de la revista, que surgió como órgano de expresión cultural de la Asociación, hacía referencia a uno de los primeros periódicos de la historia de Canarias, nacido durante la visita de los miembros de la Tertulia de Nava a la Hacienda de Daute en 1765 y coordinado por el clérigo José de Viera y Clavijo. El historiador José Miguel Rodríguez recalca que, más que centrarse en el ámbito local, la Gaceta pretendía tratar sus artículos “desde un punto de vista regional, al igual que los tertulianos de Nava tenían una visión universal de sus ideas”.
Los diferentes números de la revista no tuvieron mucho éxito en Los Silos, pero sí en municipios vecinos como Garachico o Buenavista del Norte, donde eran subvencionados por sus Ayuntamientos. Ernesto Rodríguez Abad (ausente durante la entrevista por motivos laborales) opina que en esa segunda fase de la Asociación se perdió contacto con el pueblo. “Quizá debimos trabajar más unidos a los centros educativos”, apunta quien fuera presidente de Pérez Enríquez y actual director del Festival Internacional del Cuento de Los Silos.
Para María del Carmen Ramos, licenciada en Filología Hispánica, aunque la Gaceta no gozara de la relevancia deseada en ese momento, “fue importante por que el mensaje de que el pueblo de Los Silos tenía un valor histórico y cultural fue calando”.
Pero nada es eterno. Por eso, ya con los principales objetivos conseguidos y con ese grupo de silenses entrando de lleno en su vida laboral y familiar, la Asociación Pérez Enríquez fue diluyéndose poco a poco hasta desaparecer, permaneciendo en el olvido de los vecinos de la Isla Baja o, en el caso de los más jóvenes, en el casi total desconocimiento.
Pasean por el elegante edifi cio religioso del siglo XVII, rehabi litado como espacio cultural a comienzos del nuevo milenio, y se detienen ante una pequeña puerta en la planta alta. “Aquí guardábamos todos los archivos de la Asociación”, trae a la memoria Vicente Lucí a. Ahora, los miembros de la Pérez Enríquez des conocen el pa radero de los docu mentos, tales como las actas de las reu niones oficiales o la lista de altas y bajas de los socios.
Nos sentamos a hablar con ellos justo en la sala contigua. Inevitablemente, el tema del exconvento de San Sebastián sale a la palestra, pues fue el punto de partida de la Asociación Pérez Enríquez. Los tertulianos docentes son claros: “este edificio está hoy en pie gracias a lo que hicimos en su momento desde la Asociación”. Sus palabras transmiten orgullo, pero no ego. El Ayuntamiento de los años 80 quería derribar el antiguo convento ─de hecho, ya había empezado a desmantelar la techumbre─ para albergar unas nuevas y modernas dependencias del consistorio, pero ese grupo de silenses logró concienciar al pueblo que conservar ese edificio arquitectónico era fundamental para mantener viva la identidad cultural de Los Silos.
Ernesto Rodríguez Abad subraya que se consiguió una “conciencia social”. “Creo que logramos que la gente se reconociera en la historia del municipio y que se convencieran que aquel semiderruido edificio tenía un valor”, añade el también profesor de Filología de la Universidad de La Laguna.
Sin embargo, los componentes de la Asociación no han podido sacarse la espinita de no haber evitado que, con la rehabilitación del exconvento a principios del presente siglo, se añadiera una torre en la esquina sureste, no vista con buenos ojos por ninguno de ellos.
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