Daniel Pinelo
Confieso que me enfrento a estas líneas con cierto temor. Sí. Es un tema complejo y el ámbito geográfico en el que nos movemos le añade un grado de delicadeza que invita a medir bien las palabras. Vaya por delante que no tengo nada en contra de Icod de los Vinos y sus vecinos. Es una ciudad sencilla pero a la vez coqueta, injustamente conocida solo por su drago milenario, con un casco histórico precioso y unas medianías de ensueño para dejarse contagiar por la magia a los pies del Teide. Pero el problema es que, desde hace unos meses para acá, Icod intenta subirse a un carro que no le corresponde. La Ciudad del Drago aspira a liderar el llamado Noroeste de Tenerife, desde San Juan de la Rambla hasta Buenavista, algo que realmente nunca ha dejado de hacerlo. Es algo lógico; su tamaño, población y actividad comercial así lo demuestran. Pero el Ayuntamiento (a los vecinos todavía no se les ha escuchado directamente) quiere tomar de manera efectiva esas riendas entrando en una comarca a la que nunca ha pertenecido: la Isla Baja.
Confieso que me enfrento a estas líneas con cierto temor. Sí. Es un tema complejo y el ámbito geográfico en el que nos movemos le añade un grado de delicadeza que invita a medir bien las palabras. Vaya por delante que no tengo nada en contra de Icod de los Vinos y sus vecinos. Es una ciudad sencilla pero a la vez coqueta, injustamente conocida solo por su drago milenario, con un casco histórico precioso y unas medianías de ensueño para dejarse contagiar por la magia a los pies del Teide. Pero el problema es que, desde hace unos meses para acá, Icod intenta subirse a un carro que no le corresponde. La Ciudad del Drago aspira a liderar el llamado Noroeste de Tenerife, desde San Juan de la Rambla hasta Buenavista, algo que realmente nunca ha dejado de hacerlo. Es algo lógico; su tamaño, población y actividad comercial así lo demuestran. Pero el Ayuntamiento (a los vecinos todavía no se les ha escuchado directamente) quiere tomar de manera efectiva esas riendas entrando en una comarca a la que nunca ha pertenecido: la Isla Baja.
El Noroeste tinerfeño lo forman dos comarcas naturales e históricas: Ycoden y Daute. Esta última, conocida actualmente como la Isla Baja, ha sido desde hace un par de siglos una zona deprimida. Para sacarla de esa situación, el Cabildo de Tenerife creó en 1997, junto a los ayuntamientos de Buenavista del Norte, Los Silos, El Tanque y Garachico un consorcio que propulsara el renacer económico y social de la comarca. A cada municipio se le asignó un "proyecto estrella" que, unido a una serie de estrategias comunes, aspiraba también a colocar la Isla Baja en el mapa de la isla. Y lo hicieron. De una u otra forma, la vida de la comarca ha prosperado, aunque la actual crisis trate de ocultarlo.
Viendo esta mejoría, los cuatro partidos políticos representados en la corporación municipal icodense han visto que ellos se han quedado al margen y, por ello, demandan un cambio inmediato de la situación. Sin embargo, en una plausible actitud de lógica, los cuatro ayuntamientos de Daute han dicho "no": Icod de los Vinos no puede entrar en el Consorcio Isla Baja. Basan sus argumentos en que las características del municipio icodense rompen con las del resto y, por ello, su llegada desequilibraría la acción de la entidad comarcal. Un municipio de 23.000 habitantes (más que toda la isla de La Gomera) no puede agregarse como un simple miembro más a cuatro pueblos que juntos apenas superan las 18.000 almas.
Pero, además de todo esto, hay un factor clave en el que, quizás para evitar añadirle más leña al fuego, no se ha reparado: la identidad. Buenavista, Los Silos, El Tanque y Garachico comparten características comunes que hacen que, precisamente, conformen una comarca natural. Sus habitantes prácticamente se conocen entre sí. En la guagua, en el médico o en cualquier fiesta son capaces de identificar a Pepe, el de La Caleta; a Antonio, el de El Palmar; o a María, la de Garachico; por ejemplo. Incluso, los menores de treinta años han estudiado en el mismo instituto (excepto los de El Tanque). En cambio, la situación varía cuando dejamos atrás el túnel de El Guincho. Seguimos en el Norte, sí, pero Icod ya no es lo mismo. Es una ciudad, hay mucha más población, varios institutos, centros comerciales...
Por si esto fuera poco, tenemos que sumarle otra cuestión: Icod no es la Isla Baja. Resulta cuanto menos curioso que una cosa tan simple como esa no acabe de comprenderse en el consistorio de la ciudad. Declaraciones como las del Partido Popular de que "el Consorcio Isla Baja sin la presencia de Icod carece de sentido" dejan mucho que desear. Podemos añadir también el tierno "Yo creo en la Isla Baja" del alcalde Dorta o la visión que tiene Somos Icodenses de una "comarca completa desde San Juan de la Rambla a Buenavista", y más muchas más cosas que se han dicho en los siempre interesantes plenos municipales de la Ciudad del Drago.
Y aún queda la posición del Cabildo en todo este culebrón, que viene a ser, permítanme la comparación, como la del PSC respecto a la independencia catalana: un "sí pero no". En un principio, la máxima institución insular vio favorable la incorporación al Consorcio no solo de Icod, sino también de La Guancha y San Juan de la Rambla. Ahora, en cambio, con el rechazo de los ayuntamientos de la Isla Baja, el Cabildo parece haber dado cierta marcha atrás o, por lo menos, darle autonomía al Consorcio para que elija por sí mismo.
En definitiva, la Isla Baja tiene la suerte de contar con una institución comarcal con buena salud, que está haciendo todo lo posible por sacar adelante a esta zona escondida en una esquina de Tenerife. Si Icod quiere hacer lo mismo, debería plantear al Cabildo la posibilidad de crear un nuevo consorcio con los municipios vecinos de La Guancha y San Juan de la Rambla, pero no interfiriendo en los intereses de la Isla Baja. No se trata de discriminar a nadie. Para llevar a cabo iniciativas comunes se creó el Foro de Alcaldes del Noroeste, con buenas expectativas en un primer momento, pero paralizado desde hace unos meses. Mancomunar servicios y acordar proyectos en común es básico para la supervivencia de las entidades locales, pero por encima de eso está la identidad de las personas. Y, con eso, conviene no jugar.
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| Foto: Consorcio Isla Baja |

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