martes, 26 de noviembre de 2013

El duelo entre el Kremlin y Bruselas

Diego Moreno

Tan solo meses después de la última incorporación de un país a la Unión Europea, Bruselas ha recibido una noticia que puede cambiar la forma de pensar dentro de la Europa Oriental: Ucrania ha decidido volver a la época soviética y venderse a Moscú. La República Ucraniana ha anulado en el Parlamento la salida de Timoshenko a Alemania para tratarse, cediendo a las presiones impuestas por el Kremlin.


La primera consecuencia de la intervención de Vladimir Putin en el intento de Ucrania por pertenecer a los Veintiocho ha sido la cancelación del Acuerdo de Asociación. Un acuerdo que llevaba fraguándose desde hace meses con trabajos e informes favorables al libre comercio entre el país exsoviético y la UE. Las presiones desde Moscú se basan en un posible chantaje por parte de la Unión a Ucrania. El presidente Yanukovich y el primer ministro han reculado y la firma para la integración ucraniana, prevista para el 28 y 29 de noviembre en la ciudad lituana de Vilna, no se producirá. Las calles de Kiev se han llenado de protestantes ante este acercamiento a Rusia y es que en Ucrania no quieren volver a padecer coacciones sufridas en un época anterior a la caída del Telón de Acero.

Desde Bruselas han condenado las presiones rusas y han reconocido que en el seno de la Unión Europea hay un síntoma de decepción. El acuerdo era uno de los mayores y que más beneficio planteaba a un no miembro de la Unión según altos cargos unionistas. Pese al malestar, la decisión ucraniana y la posterior intención de incluir a Rusia en un acuerdo trilateral, algo prácticamente imposible, no ha evitado que el primer ministro ucraniano siga invitado a la cumbre de Vilna. Ahora la pelota está en el tejado de Mykola Azárov, primer ministro ucraniano, y es que acudir a la cumbre de la Unión Europea podría causar malestar en su nuevo aliado, mientras que acudir podría calmar los ánimos en su país y en la oposición parlamentaria. Precisamente la oposición es la gran partidaria de un pacto con la UE, algo que obligaría al gobierno ucraniano a permitir a la ex primera ministra, Timoshenko, abandonar el país para ser tratada médicamente en el exterior.


La decisión sobre Yulia Timoshenko es crucial y es que la principal opositora del actual gobierno se ha puesto en huelga de hambre indefinida para apoyar a los pro-europeístas ucranianos. El presidente está en una encrucijada y deberá calmar los ánimos cuanto antes. Yanukóvich ha apelado a la paz y a la unidad de la familia ucraniana tras su decisión de entregarse a Rusia, al parecer, sin saber las repercusiones de su decisión. El presidente sabe que la voz de Timoshenko influye en gran parte de su población y deberá medir el próximo paso que dé, ya sea hacia el Kremlin o hacia Bruselas.

En esta decisión se cruza el factor económico, fundamental en un acuerdo del que aún se confía en Bruselas. Desde Ucrania, una versión que parece claramente vertida por Rusia, Azárov declara que la asociación podría costar demasiado para su país, algo que desmienten estamentos de la UE y que afirman beneficios para las dos partes. El acuerdo podría ir más allá del país eslavo y si la presión rusa no permite un pacto, los demás países del Este también verían cortados futuros intentos de crear un posible hilo comercial con la Unión Europea. Putin continúa con su intención de mantener al bloque exsoviético dentro de su influencia y eso es algo que desde la Comisión Europea y desde el Consejo Europeo no se quiere permitir. Ucrania parece ser un pequeña batalla entre dos grandes contendientes. El siguiente paso es Vilna que se perfila como la ciudad que decidirá el camino que toma Ucrania.

El presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich (izquierda), tras reunirse con los presidentes del Consejo Europeo y la Comisión Europea, Van Rompuy y Barroso, el pasado febrero. (www.kyivpost.com)

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