Daniel Pinelo
La televisión, ese ente supremo capaz de dominar a las masas. Basta con apretar un simple botón para caer sumisos a la pantalla. Con frecuencia nos quejamos de los contenidos que la tele nos ofrece. Hasta hemos creado un nuevo género, la telebasura, pero lo cierto es que seguimos maniatados por ella.
La televisión, ese ente supremo capaz de dominar a las masas. Basta con apretar un simple botón para caer sumisos a la pantalla. Con frecuencia nos quejamos de los contenidos que la tele nos ofrece. Hasta hemos creado un nuevo género, la telebasura, pero lo cierto es que seguimos maniatados por ella.
La noche de ayer, lunes, bien merece ser comentada. No voy a detenerme en la decimocuarta apuesta de Telecinco por Gran Hermano porque creo que ya es un caso perdido. Pero sí quiero llamar la atención sobre el nuevo programa que estrenó Antena 3 para la noche de los lunes, después del éxito de la segunda edición de Tu cara me suena. Splash puede definirse de una forma muy simple: famosos que se lanzan a una piscina. Por eso de la curiosidad y la expectativa, ayer decidí echarle un vistazo para poder juzgarlo con mis propios ojos. Aguanté hasta el primer corte publicitario. Vi la caída de Daniela Blume, Juanjo Ballesta y Toñi Salazar. No llegué a ver a Falete en acción...y créanme que tampoco me apetecía mucho.
Pues eso, que ver a gente tirarse al agua desde diferentes alturas no tiene mucha ciencia. No sé si Antena 3 conseguirá arrastrarme la próxima semana otra vez hacia la caja tonta. Desde luego, lo que no ayuda es la configuración del jurado, que creo que vale la pena pararse brevemente a analizarla.
- Santiago Segura. Se ha cansado de hacer pelis y anda vagando de programa en programa por la cadena del Grupo Planeta. El Hormiguero, Tu cara me suena (por segundo año) y, ahora, Splash. Es el bueno del grupo, algo así como nuestro profe de Religión en el colegio. Le cae bien a todo el mundo y a él le caen bien todos los concursantes, por lo que sus puntuaciones siempre son al alza. La risas, como siempre, están aseguradas.
- José María Gutiérrez, Guti. Empeñado en pasar a la historia más como un showman que como un buen futbolista, el exjugador merengue ha recalado en la televisión. Así, sin más. ¿Dinero? No lo creo. Los productores habrán pensado que será interesante que Guti juzgue el salto de su mujer, Romina Belluscio, quien también participa en el programa. El genio del tacón de Dios intenta ser el duro del jurado, pero siempre se le escapa una sonrisita cuando intenta criticar a los concursantes. Además, nunca conseguirá ese honor, pues el papel de Risto Mejide ha caído en el siguiente miembro a analizar.
- Anna Tarrés. Es la mala malísima. Mi aprecio hacia ella durante los Juegos de Londres 2012, cuando estaba al frente del equipo español de natación sincronizada, se difuminó anoche con su lamentable actuación televisiva. El revuelo que supuso su destitución al frente de la selección olímpica plantea dos hipótesis según lo visto en Splash. La primera, que esta señora carece de moral y, ante un más que probable atractivo sueldo, ha aceptado hacer el papel de profesora dura y malvada que le acuñó la opinión pública. La segunda, que las acusaciones que presentaron algunas nadadoras contra ella el año pasado son reales y la señora Tarrés está corroborando su verdadero carácter. En todo caso, una auténtica bazofia.
- Emilio Ratia. Parece ser el único miembro serio del jurado. Es saltador olímpico de trampolín, por lo que su profesionalidad está fuera de toda duda. Además de evaluar a los concursantes, es también su entrenador, así que su criterio está (o debería estarlo) basado en el progreso de los saltadores a lo largo de la semana. Es exigente, pero justo.
Dicho esto, solo me queda añadir que la que pone y quita programas es la audiencia. Si Gran Hermano sigue emitiéndose a estas alturas, es por nuestra culpa. Y si esperamos impacientes durante la semana a que llegue la noche de los lunes, para ver a Anna Tarrés gruñir o a Guti sobreactuando, también será responsabilidad nuestra. En nuestras manos está.

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