La piedra Zanata, un misterio aún por resolver
En ocasiones, la historia nos deja el sabor amargo de la incertidumbre
Javier Rodríguez, Los Silos
¡Ahí está!
Mírenla, callada, con tanto que contar. La piedra Zanata está en la primera
planta del Museo de la Naturaleza y el Hombre, protegida en una urna de cristal
con apenas información relevante sobre su historia. Tuvo
razón el catedrático de Estudios Árabes e Islámicos, D. Rafael Muñoz, cuando
publicó el prólogo de su investigación bajo el título Una piedra polémica.
Todo
comenzó un día de verano en la pista del Monte de Agua, cuando dos
excursionistas de Garachico decidieron subir hasta la cumbre de Bolico. En su
camino, uno de ellos, Saturnino Martín Gorrín, se encontró con una piedra de no
más de veinte centímetros, con una curiosa forma alargada, sugerente a sus
ojos, por lo que la guardó en su mochila. Prosiguieron el camino sin mucha más
atención a ese curioso souvenir. Saturnino no advirtió nada relevante en
aquella pieza, sólo su forma lanceolada, que le hizo pensar en la posibilidad
de que fuera un resto aborigen, sabía que por la zona ya se habían encontrado
algunas piezas de manera fortuita. Al cabo de varios días, la piedra pasó por
diversas manos hasta caer en las del director del Museo de la Naturaleza y el
Hombre, Rafael González Antón, que la recibió amablemente.
Fue
cuestión de horas lo que tardó en llenarse la sala del museo de periodistas
fascinados por retratar “el mayor hallazgo de la cultura canaria”, “El origen
del pueblo canario”. La piedra poseía una especie de incisiones en una de sus
caras, alfabetiformes, había que
estudiarlas. Es entonces cuando el profesor, ya difunto, de estudios árabes e
islámicos de la Universidad de La Laguna se sumerge en una investigación que no
sólo será poco fructífera, sino que se saldará con su vida. El doctor Muñoz
afirma la procedencia de esos caracteres, eran líbico-bereberes. Llegó a
precisar los datos de la inscripción aún más, provenían de la llamada tribu
“Zanata”, en teoría un pueblo romanizado del norte de África, que se reveló
contra el poder romano y fue exiliado a las islas, dejando muestras de su
presencia, como ésta. Corrieron ríos de tinta, éramos bereberes… en seguida la
presión institucional, mediática y académica cae sobre los hombros de este
profesor, que muere tras enfermar gravemente. La causa de su enfermedad fue
clara, se puso en tela de juicio la autenticidad de las inscripciones. La
filóloga alemana Renata Springer sostiene, hoy por hoy, que es una
falsificación poco lograda puesto que los caracteres no eran lógicos:
...Eran dos signos que no eran beréberes y se había hecho una
ligadura que era imposible, es como si en castellano se pone el palo de la
"ñ" sobre la "m"…
Con
respecto a esto, contrastan los datos que Rafael Muñoz publica en su libro La
piedra Zanata y el mundo mágico de los guanches, donde justifica la
veracidad de las inscripciones:
…Recluido en mi cuarto
de trabajo observaba cómo lo que al principio
era hipótesis, se iba transformando en tesis, en certeza. Unos días antes de la tremendista noticia citada, en la
que se hablaba de fraude, tuve la suerte de encontrar la misma
inscripción en un tratado de magia morisca, plagado de elementos bereberes.
Esto alejaba la posibilidad de una imitación
en la piedra. En primer lugar, porque un talismán, que es en donde se encuentra la segunda
inscripción, ha de escribirse sobre
papel o tela, mientras que la Piedra Zanata lo está sobre un
soporte bien diferente, lo cual
implica que se inscribió en piedra porque se carecía de tela o papel, como ocurre entre los
prehispánicos de Canarias. En segundo
lugar, porque el hipotético autor del fraude tenía que haber conocido el manuscrito de la segunda inscripción,
que se encuentra en los fondos
manuscritos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas deMadrid. Dicho manuscrito fue publicado en 1993,
mientras que la Piedra Zanata se
descubrió un año antes. Considero extraño que ese imaginario falsificador se dedicase a sumirse en los
anaqueles de una biblioteca de manuscritos
árabes para copiar precisamente esos signos y no otros…
No
soy quién para dar una opinión sobre la problemática planteada, es importante
saber que a muchos partidos políticos con tendencias independentistas les
interesó esta aportación, por lo que se puede deducir que al resto del corpus
político no le agradó demasiado. Cuando los intereses de investigación se
confunden y entremezclan con los políticos, ideológicos o religiosos los
resultados no salen del todo limpios.
Antonio
Tejera Gaspar, profesor de historia antigua de la Universidad de La Laguna y
uno de los mayores referentes en la arqueología canaria dijo, con cierto grado
de humor, que hizo “la solemne promesa de no volver no volver a tratar sobre
ese asunto y nunca lo he roto”.
Un
silencio longevo se apoderó entonces de la investigación de la piedra Zanata,
un simple dato arqueológico del que no se puede deducir el origen del pueblo
canario, pero no debe ser tratado por ello de una forma tan descuidada. El
contexto que generó, la víctima que se saldó, y la polémica que suscitó creó un
tabú en la arqueología canaria.
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¡Ahí
está! Mírenla, callada… y con tanto que contar. A veces la historia nos deja
con el sabor amargo de la incertidumbre, aunque la duda se hizo para que la
curiosidad se active, para que quizás, algún día, no sé muy bien dónde ni con
qué pretexto, podamos descubrir el misterio que ocultan las piedras que callan.