viernes, 23 de agosto de 2013

Las preguntas de Bale

Soy de los que piensa que un futbolista no vale más de 100 000 €. Por eso, que el Real Madrid vaya a pagar en torno a 90 millones por Gareth Bale me parece un auténtico disparate, como también me lo pareció en su momento los 94 millones por Cristiano Ronaldo. Es cierto que, si Florentino Pérez acepta pagar semejante cantidad de dinero por un jugador, es porque tiene la certeza de que probablemente acabará recuperando esa inversión, pero quizás deberíamos plantearnos si todo vale con tal de disponer de unos cuantos fajos de billetes. Ahí van algunas preguntas que, seguramente, hayan pasado por nuestra cabeza en alguna ocasión.

¿No estaremos creando una burbuja futbolística que, más pronto que tarde, acabará estallando? ¿Cuánto tiempo más podremos continuar aumentando el precio de estas operaciones? Y, aunque pueda sonar a demagogia, ¿es ético pagar millones de euros por una persona cuyo único cometido es correr detrás de una pelota (o conducir un coche, que la Fórmula 1 también se las trae), máxime en un contexto de pavorosa crisis? También se podría poner el ejemplo de las subastas millonarias de objetos pertenecientes a otras personas famosas, pero es el fútbol quien atrae mayor expectación.

Foto: Periodista Digital
¿Y los aficionados? ¿No deberían tener la misma legitimidad a ser escuchados por el club cuando piden la contratación de un jugador que cuando, hipotéticamente, rechazaran la llegada de un futbolista que conllevase un desembolso tan grande? ¿Por qué no lo piden? ¿Por qué se critican los abismales beneficios de las multinacionales y no los negocios de los clubes de fútbol? Al fin y al cabo, ambos se benefician a nuestra costa.

Y, a todo esto, ¿cuál es el papel del futbolista? ¿No puede plantarse y negarse a firmar un contrato que acarree un movimiento de cifras astronómicas? ¿Qué sintieron Zidane, Cristiano, Neymar o Torres cuando cambiaron de club por millones de euros? Puede que la esperanza para acabar con esta locura resida aquí: que los jugadores tomen la palabra y renuncien a ser cómplices de esto. La cuestión es saber si llegaremos a verlo algún día.

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