martes, 27 de agosto de 2013

La piedra Zanata, un misterio aún por resolver

La piedra Zanata, un misterio aún por resolver
En ocasiones, la historia nos deja el sabor amargo de la incertidumbre

Javier Rodríguez, Los Silos

¡Ahí está! Mírenla, callada, con tanto que contar. La piedra Zanata está en la primera planta del Museo de la Naturaleza y el Hombre, protegida en una urna de cristal con apenas información relevante sobre su historia. Tuvo razón el catedrático de Estudios Árabes e Islámicos, D. Rafael Muñoz, cuando publicó el prólogo de su investigación bajo el título Una piedra polémica.

Todo comenzó un día de verano en la pista del Monte de Agua, cuando dos excursionistas de Garachico decidieron subir hasta la cumbre de Bolico. En su camino, uno de ellos, Saturnino Martín Gorrín, se encontró con una piedra de no más de veinte centímetros, con una curiosa forma alargada, sugerente a sus ojos, por lo que la guardó en su mochila. Prosiguieron el camino sin mucha más atención a ese curioso souvenir. Saturnino no advirtió nada relevante en aquella pieza, sólo su forma lanceolada, que le hizo pensar en la posibilidad de que fuera un resto aborigen, sabía que por la zona ya se habían encontrado algunas piezas de manera fortuita. Al cabo de varios días, la piedra pasó por diversas manos hasta caer en las del director del Museo de la Naturaleza y el Hombre, Rafael González Antón, que la recibió amablemente.

Fue cuestión de horas lo que tardó en llenarse la sala del museo de periodistas fascinados por retratar “el mayor hallazgo de la cultura canaria”, “El origen del pueblo canario”. La piedra poseía una especie de incisiones en una de sus caras,  alfabetiformes, había que estudiarlas. Es entonces cuando el profesor, ya difunto, de estudios árabes e islámicos de la Universidad de La Laguna se sumerge en una investigación que no sólo será poco fructífera, sino que se saldará con su vida. El doctor Muñoz afirma la procedencia de esos caracteres, eran líbico-bereberes. Llegó a precisar los datos de la inscripción aún más, provenían de la llamada tribu “Zanata”, en teoría un pueblo romanizado del norte de África, que se reveló contra el poder romano y fue exiliado a las islas, dejando muestras de su presencia, como ésta. Corrieron ríos de tinta, éramos bereberes… en seguida la presión institucional, mediática y académica cae sobre los hombros de este profesor, que muere tras enfermar gravemente. La causa de su enfermedad fue clara, se puso en tela de juicio la autenticidad de las inscripciones. La filóloga alemana Renata Springer sostiene, hoy por hoy, que es una falsificación poco lograda puesto que los caracteres no eran lógicos:

...Eran dos signos que no eran beréberes y se había hecho una ligadura que era imposible, es como si en castellano se pone el palo de la "ñ" sobre la "m"

Con respecto a esto, contrastan los datos que Rafael Muñoz publica en su libro La piedra Zanata y el mundo mágico de los guanches, donde justifica la veracidad de las inscripciones:

…Recluido en mi cuarto de trabajo observaba cómo lo que al principio era hipótesis, se iba transformando en tesis, en certeza. Unos días antes de la tremendista noticia citada, en la que se hablaba de fraude, tuve la suerte de encontrar la misma inscripción en un tratado de magia morisca, plagado de elementos bereberes. Esto alejaba la posibili­dad de una imitación en la piedra. En primer lugar, porque un talismán, que es en donde se encuentra la segunda inscripción, ha de escribirse sobre papel o tela, mientras que la Piedra Zanata lo está sobre un soporte bien diferente, lo cual implica que se inscribió en piedra porque se carecía de tela o papel, como ocurre entre los prehispánicos de Canarias. En segundo lugar, porque el hipotético autor del fraude tenía que haber conocido el manuscrito de la segunda inscripción, que se encuentra en los fondos manuscritos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas deMadrid. Dicho manuscrito fue publicado en 1993, mientras que la Piedra Zanata se descubrió un año antes. Considero extraño que ese imaginario falsificador se dedicase a sumirse en los anaqueles de una biblioteca de manuscritos árabes para copiar precisamente esos signos y no otros…

No soy quién para dar una opinión sobre la problemática planteada, es importante saber que a muchos partidos políticos con tendencias independentistas les interesó esta aportación, por lo que se puede deducir que al resto del corpus político no le agradó demasiado. Cuando los intereses de investigación se confunden y entremezclan con los políticos, ideológicos o religiosos los resultados no salen del todo limpios.
Antonio Tejera Gaspar, profesor de historia antigua de la Universidad de La Laguna y uno de los mayores referentes en la arqueología canaria dijo, con cierto grado de humor, que hizo “la solemne promesa de no volver no volver a tratar sobre ese asunto y nunca lo he roto”.
Un silencio longevo se apoderó entonces de la investigación de la piedra Zanata, un simple dato arqueológico del que no se puede deducir el origen del pueblo canario, pero no debe ser tratado por ello de una forma tan descuidada. El contexto que generó, la víctima que se saldó, y la polémica que suscitó creó un tabú en la arqueología canaria.

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¡Ahí está! Mírenla, callada… y con tanto que contar. A veces la historia nos deja con el sabor amargo de la incertidumbre, aunque la duda se hizo para que la curiosidad se active, para que quizás, algún día, no sé muy bien dónde ni con qué pretexto, podamos descubrir el misterio que ocultan las piedras que callan.

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