Javier Rodríguez
La
lectura no da dinero, pero destapa un mundo emocional que te ayuda a
enfrentarte con tu propia vida. Da seguridad, da imaginación, da felicidad, da
la sensación de llegar con menos e irte con más. No dejemos morir
algo tan básico como las bibliotecas, no permitamos que el ciudadano quede
fuera de la cultura, no permitamos, al fin y al cabo, que nos roben una parte
importante de nuestra vida.
En
tiempos de crisis moral (porque yo ya no creo en la económica) las subvenciones
públicas del Estado siguen dando hachazos a diferentes sectores de la cultura.
Hoy no hablamos del cine o de la música, sino de la peligrosa situación que
padecen las bibliotecas públicas. Desde el 2011 los estudios realizados no sólo
nos muestran la reducción que se ha hecho en las ayudas económicas, sino
también ilustran la pérdida de lectores habituales en estos recintos. Ante esta
situación, los puestos de trabajo también peligran, y los bibliotecarios deben
recoger sus años de experiencia y abandonar el puesto de trabajo. Para
contrarrestar este tipo de bajas se han inventado todo tipo de subcontratos,
por llamarlos de alguna forma, en los que el trabajador hace su labor por amor
al arte, y no recibe ninguna compensación por ello.
¿Y
ahora, cómo paramos esto? Si hay algún espacio de carácter público donde el
ciudadano puede tener acceso a la cultura es la biblioteca, pero estos ajustes
se convierten en barreras inexpugnables que distancian la cultura del ciudadano
da a pie. Entramos en una caída con “efecto dominó” en la que si las ayudas
económicas se reducen, no se amplía la oferta de lectura, y si esto ocurre, los
usuarios habituales abandonan las bibliotecas, buscando herramientas
alternativas tan destructoras como las descargas ilegales por Internet.
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| Una imagen cada vez más común (Foto: Rincón del logos) |
El
famoso eBook, el libro electrónico, ha dejado hibernando a muchos
lectores de biblioteca, ahora leyendo en sus casas, despreocupados por lo que
pase en los espacios públicos de lectura. Hay una inmensidad de bibliotecas
digitales que dejan descargar sus ejemplares de manera permanente y de la forma
más cómoda y fácil, y esto conlleva un daño real del que debemos ser
conscientes lo antes posibles.
No
voy a ser yo un protestante tecnológico, soy uno de los primeros
que lucha por una sociedad de libre información, pero habrá que madurar el daño
que podemos causar a diferentes sectores, incluso de la manera más inocente.
El
declive de las bibliotecas Canarias no se puede obviar, porque nos encontramos
casos verdaderamente vergonzosos, que se salen de la lógica común. El
pasado mes de Julio, la Alcaldesa de Telde, María del Carmen Castellano, dio
una respuesta un tanto curiosa a un periodista que le preguntó sobre la
situación de las bibliotecas, diciendo: "Las bibliotecas no dan nada
de dinero, y hay catorce personas trabajando en ellas”.
María
del Carmen Castellano tiene claro dónde recortar, y yo tengo aún más claro que
con personas acusadas de malversación de fondos, como esta señora, no se puede
contar. Ya no sólo son poco inteligentes sus palabras, sino también
vergonzosas. Poco inteligentes porque una biblioteca nunca ha dado dinero,
porque es un fin en sí mismo, y no sé si me explico bien con esta
expresión. Un fin en sí mismo es algo que aporta pero no produce, y que no
necesariamente deba estar en contra en un sistema capitalista y productivo
hasta la médula. Las humanidades son un fin en sí mismo porque forman al
individuo, lo pulen y lo proyectan hacia una sociedad que ahora está en su
mejor momento, en una crisis de valores.
Si las
bibliotecas tuvieran un mayor protagonismo, como lo tiene en otros países,
posiblemente una crisis como la española no estaría ocurriendo. Posiblemente
entenderíamos mejor el significado de las I+D+I, Investigación,
Desarrollo e Innovación, y nos daríamos cuenta de que para crecer hay
que descubrir, y nos daríamos cuenta de que para gobernar hay que saber, y nos
daríamos cuenta de que para acercarse a la madurez hay que leer.
Si
se leyera, no me encontraría frases tan desagradables como esta: "Los libros… ojalá
fueran la alternativa al carbón…"
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| Foto: Alquibla |


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